Una mañana de diciembre de 2003 un paciente de 50 años recibe los resultados de sus exámenes médicos recientes, diagnóstico: diabetes mellitus. Primera reacción: preocupación y miedo, vuelta a la hoja: confrontación, rebeldía, burla, sarcasmo, ironía... Tomás.
Iniciar con este breve relato no tiene ninguna pretensión que vaya más allá que la que conectamos al propósito del artista en la presentación de las obras que componen la exposición. Es importante señalar, que así como hoy la experiencia "non grata" es la que inquieta al autor para la creación específica de este trabajo, es característico desde siempre que en sus conceptos recurra como soporte la agudeza de su muy personal sentido del humor y tan atinado manejo de la ironía. En sus composiciones no hay fórmulas forzadas ni ataduras a corrientes determinadas, hay un constante malabareo entre la tragedia y la mofa; entre la seriedad y la burla, entre la solemnidad y la irreverencia. Esto no es una estrategia premeditada usada como herramienta para escandalizar, provocar, agradar o sorprender, sino que son parte de un lenguaje que manifiesta la naturaleza misma del artista-persona.
En su serie dulces placeres, Tomás presenta un grupo de esculturas y pinturas con carácter narrativo, utilizando el azúcar como ingrediente adicional a las técnicas tradicionales para la ejecución de las piezas. El tema de las obras puede causar al observador sensaciones polivalentes que van paradójicamente desde la risa hasta meditaciones críticas o filosóficas sobre la conducta humana, lo efímero de la existencia, la salud y connotaciones políticas. En el espacio convivirán sin recato figuras regordetas de miradas azucaradas y complacientes, hechas de cerámica telas con paisajes borrascosos que bien pudieran ser vistas aéreas de topografías gástricas o efervecencias orgánicas blanquinegras, otras en una suerte de disección contienen en segundo plano fragmentos anatómicos que lejos de ser una mera ilustración, representa el daño y el deterioro que produce la enfermedad. Por último figuras de resina, que nos permiten por su transparencia observar como invade y se adueña el dulce veneno de todo organismo.
Los registros están presentados de manera simultánea muchas veces superpuestos. Existe la característica recurrente de valerse de dobles lenguajes visuales e interpretativos. Las composiciones conforman una simbiosis que hace mucho, más estrecha relación título-imagen, imagen-mensaje. Las imágenes poco nitidas nos sugieren negación o quizás la activación de nuestros mecanismos de defensa, de autoengaño para no escudriñar demasiado e ignorar las evidencias a pesar de tenerlas ante nuestros ojos. Tomás López Rocha ha dejado que las experiencias de su vida en tiempo y lugar inspiren sus obras, es un malabarista cautivador, sin embargo no debemos dejarnos seducir tan sólo por el humor, en su obra hay crítica, profundidad, reflexión, además del protagonismo de la ironía que se nos revela como torera de la solemnidad, la realidad y el drama.
Francisco Morales Dufour
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